ūüüĘPROCESO DE LA INQUISICI√ďN CONTRA EL ICODENSE DON ANTONIO L√ďPEZ de PADR√ďN POR SOSPECHOSO DE MAS√ďN

DOCUMENTALISTA Y DIVULGADOR:

MIGUEL EDMUNDO DELGADO L√ďPEZ

Seg√ļn don David Lorenzo, en su art√≠culo publicado en la Revista de Binter ‚Äú … La masoner√≠a en Canarias puede considerarse pionera en Espa√Īa. Las relaciones comerciales con los puertos franceses y sobre todo ingleses e irlandeses hizo que los canarios fueran r√°pidamente influidos por los principios de los masones. Los or√≠genes de la masoner√≠a en Canarias se remonta, por lo menos a 1739. En este momento el comerciante de origen irland√©s, Alejandro French, es acusado por la inquisici√≥n canaria de formar parte de la Royal Exchange Lodge de Boston.

Aunque durante el gobierno de Carlos III la persecuci√≥n a la masoner√≠a se redujo bastante, esta situaci√≥n no tarda mucho en cambiar. Con el reinado de Carlos IV se reprime la masoner√≠a de manera m√°s dura que antes. La Revoluci√≥n Francesa y el fallecimiento de su pariente Luis XVI hace que Carlos IV tome medidas muy radicales. Se proh√≠be la ilustraci√≥n y cualquier idea liberal. Esto tambi√©n incluye a los masones, que apoyan postulados liberales (libertad, igualdad, etc.)‚ÄĚ. (1)
En el proceso seguido en 1792, bajo el ep√≠grafe ¬ę El Se√Īor Inquisidor Fiscal contra don Antonio L√≥pez de Padr√≥n, piloto, vecino de Icod en la Isla de Tenerife, por sospechoso de profesar la compa√Ī√≠a de Fragmasones¬Ľ se recoge por don Manuel de Paz S√°nchez, en su libro HISTORIA DE LA FRANCMASONERIA EN CANARIAS, el siguiente suceso acontecido en el Lugar de Ycod:
‚Äú ‚Ķ El 6 de marzo de 1792, don Agust√≠n Jorge Rodr√≠guez se entrevist√≥ con el comisario de Icod, don Nicol√°s Lorenzo Delgado C√°ceres, para efectuar una delaci√≥n. Le cont√≥ que, estando en la plaza del convento de las Bernardas, le llam√≥ la atenci√≥n un cedul√≥n que hab√≠a sido puesto en el monasterio y trab√≥ conversaci√≥n con el padre franciscano Crist√≥bal del Castillo. El fraile le dijo que se trataba del Edicto General de la Fe, y que le parec√≠a que tra√≠a ¬ęcosa nueva¬Ľ y, en concreto, sobre los ¬ęflamazones¬Ľ. Entonces le replic√≥ Jorge que ¬ęaqu√≠ no consideraba cosas de esas¬Ľ, a lo que contest√≥ el monje que el Santo Oficio empezaba a ocuparse del asunto, y subray√≥: ¬ęDeje usted andar a un caballerito que anda ah√≠ diciendo que no hay cosa como ser flamaz√≥n¬Ľ. Acto seguido el declarante le interrog√≥ acerca de la personalidad del ¬ęcaballerito¬Ľ y Del Castillo le respondi√≥ que era don Antonio L√≥pez de Padr√≥n, natural y vecino del lugar.

Adem√°s el fraile continu√≥ dici√©ndole otras frases atribuidas a L√≥pez, como por ejemplo que ‚Äú Jesucristo hab√≠a sido el primer francmas√≥n‚ÄĚ y San Juan el ¬ęPatr√≥n¬Ľ, frases ante las que Jorge se escandaliz√≥.
Pero no termin√≥ aqu√≠ la denuncia. El delator indic√≥ tambi√©n que, cuando resid√≠a en Canarias a comienzos de la d√©cada de 1780, hab√≠a hecho varios viajes a la isla de Cura√ßao en las Antillas holandesas para traficar, y que all√≠ se enter√≥ ‚Äďpor ser p√ļblico y notorio y, particularmente, por hab√©rselo dicho el grancanario Vicente Gil‚Äď, que un tal Morales, natural de Santa Cruz de Tenerife donde ten√≠a una hermana, era francmas√≥n. Supo tambi√©n cu√°l era la casa de la sociedad en dicha isla del Caribe y a√Īadi√≥ que, en la posada, conoci√≥ a un hombre llamado Manuel, ¬ęde naci√≥n gallego¬Ľ que hab√≠a expresado repetidamente su deseo de ser mas√≥n, ¬ęporque le hab√≠an dicho que todos los francmasones eran ricos y que unos a otros se socorr√≠an¬Ľ, pero que unos d√≠as despu√©s falt√≥ de la hoster√≠a, regresando m√°s tarde ¬ęmuy triste y descolorido y no volvi√≥ a tratar m√°s sobre el asunto¬Ľ.

Finalmente, Jorge Rodríguez aportó también algunos datos sobre la actitud un tanto sospechosa de Francisco Maneiro, capitán del barco que, en 1781, le trajo de regreso a Tenerife.

El d√≠a 24 de marzo fue llamado a declarar Crist√≥bal del Castillo, que rubric√≥ lo que le hab√≠a dicho a Jorge Rodr√≠guez, adem√°s de aportar nombres de testigos. De esta manera, el d√≠a 26, le toc√≥ el turno a Fray Mat√≠as Hern√°ndez Soto, que lo √ļnico que dijo fue ‚Äú que las armas de los masones eran ¬ęun comp√°s, una cuchara y no se acuerda bien … una espada¬Ľ. AI d√≠a siguiente compareci√≥ Fray Nicol√°s Delgado y Le√≥n, quien afirm√≥ que hab√≠a o√≠do decir, dos o tres veces, a De Padr√≥n que la congregaci√≥n a junta de francmasones era buena y ¬ęque todos pudieran ir a ella porque se funda en caridad y a todos los que entran en ella no les podr√° faltar nunca nada¬Ľ. El sospechoso habr√≠a se√Īalado tambi√©n que Jesucristo fue ¬ęel verdadero francmas√≥n¬Ľ, que entre los masones, se reconoc√≠an por ciertas se√Īas, ¬ęen sacar el sombrero o saludarse¬Ľ, y que la compa√Ī√≠a estaba formada por gentes de todos los estamentos, incluido el clero. No faltaron tampoco, seg√ļn Delgado Le√≥n, las alusiones al juramento mas√≥nico. Por √ļltimo, subray√≥ el declarante que estas frases se las hab√≠a o√≠do al acusado delante de algunos religiosos y en casa de don Antonio P√©rez Madero o Medero y que, una vez que conoci√≥ el Edicto antes mencionado, reprendi√≥ a De Padr√≥n, quien le contest√≥ ¬ęque √©l estaba en que no era malo, pero que ahora desist√≠a de lo que hab√≠a pensado¬Ľ.

El 16 de abril ¬ępareci√≥ sin ser llamado¬Ľ el propio Antonio L√≥pez de Padr√≥n, piloto, casado en La Habana con Manuela H. de los Reyes, natural y vecino de lcod y de 46 a√Īos de edad. Declar√≥ que, encontr√°ndose en 1791 en la isla de San Estacio (Antillas) en un convite, entabl√≥ conversaci√≥n con un mercader llamado Pinto, el cual, entre otras cosas, le dijo que ¬ęlos espa√Īoles estaban llenos de fanatismo pensando que la francmasoner√≠a giraba contra el cielo, contra el rey o contra la patria, siendo… solamente… una amistad que se contrae entre los hombres para fomentar la fe de su comercio¬Ľ. Dicho mercader le inic√≥ tambi√©n que su ¬ęgrave secreto consist√≠a en unas ciertas se√Īas y palabras para conocerse unos a los otros, porque si √©ste se manifestara a los curiosos se har√≠an p√ļblicas [y] ser√≠an enga√Īados todos los d√≠as con tanto francmas√≥n intruso¬Ľ. Sus juntas, adem√°s, ¬ęconsist√≠an en divertirse en casas que para este fin tienen dedicadas, una o dos ocasiones al mes, comiendo y bebiendo en ellas¬Ľ.

Se√Īal√≥ igualmente Pinto, seg√ļn L√≥pez de Padr√≥n, la necesidad de ser apadrinado para formar parte de la instituci√≥n; y que; sobre la Biblia, se juraba ¬ęno dejar abandonado al hermano¬Ľ que, habiendo sido honrado, se viera desvalido. Del mismo modo se promet√≠a ‚Äďsobre el Libro sagrado‚Äď no desvelar los secretos de ¬ęse√Īales y palabras¬Ľ; hacer bien a todos los hombres; conservar ilesa la religi√≥n de cada uno, ¬ęporque siendo infiel a su religi√≥n lo ser√° tambi√©n con su amigo¬Ľ; ser √ļtil a la patria y leal al monarca, etc.

Asimismo, le hab√≠a asegurado el comerciante que el origen de la masoner√≠a databa de ¬ęmuchos a√Īos antes de la venida de Jesucristo¬Ľ, y que Jes√ļs mismo la hab√≠a apoyado. A todo esto respondi√≥ el tinerfe√Īo que si era as√≠ ¬ętodos [los] hombres honrados eran francmasones y que √©l mismo se ten√≠a por tal, sin ser necesario m√°s juramento ni m√°s introducci√≥n en sus casas¬Ľ.

A√Īadi√≥, luego, el declarante que hab√≠a hablado del tema con don Agust√≠n Gonz√°lez Y√°√Īez y Sopranis, don Jos√© Mar√≠a B√©thencourt, Antonio P√©rez Madero, don Jos√© Delgado y Le√≥n, y, tambi√©n, en una reuni√≥n en casa del comerciante portugu√©s don Francisco Sarmiento, en el Puerto de la Cruz, en presencia de don Felipe Machado, entre otras personas. Inform√≥ igualmente al comisario que el mas√≥n Pinto le hab√≠a invitado a ingresar en la Orden, ofreci√©ndole buen aval y ¬ęfianza¬Ľ, a lo que hab√≠a respondido que antes deber√≠a ¬ęmanifestarle todos los asuntos p√ļblicos y secretos¬Ľ para luego pensarlo y decidirse, pero que le contest√≥ ¬ędicho Pinto que las se√Īas y palabras las sabr√≠a despu√©s de serlo¬Ľ, y que entonces le dijo: ¬ęas√≠ nada hemos hecho¬Ľ.

Por √ļltimo, L√≥pez de Padr√≥n subray√≥ que todas las conversaciones las hab√≠a tenido antes de la publicaci√≥n del ¬ęedicto general de la fe del presente a√Īo¬Ľ, y que ¬ępor la prohibici√≥n de la compa√Ī√≠a de francmasones que en dicho edicto ha venido, se ha movido a hacer esta delaci√≥n, y si en dichas conversaciones ha causado alg√ļn esc√°ndalo no ha sido ese su fin ni intentaba decir cosa alguna que repugnara a nuestra religi√≥n¬Ľ.

Seis d√≠as despu√©s efectu√≥ el interesado su ratificaci√≥n ante el comisario icodense. L√≥pez matiz√≥ √ļnicamente que Pinto le hab√≠a dicho tambi√©n que a la masoner√≠a pertenec√≠an reyes, cardenales, obispos y arzobispos, ¬ęsi pensaban con la pureza que deb√≠an¬Ľ; haciendo esta manifestaci√≥n por temor a lo que hubieran podido pensar sus enemigos y, particularmente, don Agust√≠n Jorge Rodr√≠guez, puesto que ‚Äďel mismo d√≠a que efectu√≥ su primera declaraci√≥n‚Äď una mujer le hab√≠a dicho que √©ste se ufanaba de la trampa que le hab√≠a tendido.

El 21 de abril, el comisario Delgado interrog√≥ a otro testigo de las habladur√≠as de L√≥pez de Padr√≥n, Antonio, J. P√©rez Madero, qui√©n afirm√≥ que habi√©ndole preguntado al sospechoso, una tercera persona, que si era francmas√≥n respondi√≥ el aludido que ¬ęojal√° lo fuera, pero que no lo era¬Ľ.

Al d√≠a siguiente compareci√≥ Agust√≠n Gonz√°lez Y√°√Īez y Sopranis, escribano p√ļblico de lcod, de 46 a√Īos, que respondi√≥ a las preguntas del inquisidor con frases relativas a la iniciaci√≥n mas√≥nica, al juramento, al origen salom√≥nico… Paralelamente, afirm√≥ que ‚Äďseg√ļn L√≥pez de Padr√≥n ‚Äď en La Madera hab√≠a ¬ęmuchos can√≥nigos, religiosos y personas de otras clases que lo eran¬Ľ y que, de ser una sociedad mala, no pertenecer√≠an a ella tantos sacerdotes y pr√≠ncipes, que la Silla Apost√≥lica hubiera decretado su excomuni√≥n y que el Santo Oficio ¬ęhubiera castigado a alguno, pero que nada de esto ha habido¬Ľ. Entonces Sopranis le respondi√≥ que, por el contrario, los masones ¬ęestaban declarados por herejes con t√≠tulo de Muratores¬Ľ, explic√°ndole lo que hab√≠a o√≠do sobre la sociedad, ¬ęa que contest√≥ que, dijeran lo que dijeran, √©l no la ten√≠a por mala¬Ľ.

Los testimonios de Fr. Jos√© Antonio de Estrada, franciscano de 62 a√Īos; de don Francisco D√≠az Pantale√≥n y Aguiar s√≠ndico personero de lcod, de 44 a√Īos y de don Jos√© Mar√≠a B√©thencourt, teniente castellano del castillo del puerto de Garachico, de 29 a√Īos, obtenidos del d√≠a 26 al 29 de abril, no aportan nada nuevo117.

Mucho menos sustanciosas son las testificaciones de fray Antonio Hern√°ndez Bermejo, agustino de 33 a√Īos y del presb√≠tero don Francisco de C√°ceres, de 35, evacuadas el 10 y 21 de mayo, respectivamente.

Cuatro d√≠as despu√©s, el comisario de Icod remiti√≥ a Gran Canaria el expediente, aclarando, en una misiva adjunta, que a pesar de que Jorge Rodr√≠guez era ¬ęenemigo declarado¬Ľ de L√≥pez Padr√≥n, no era otro el √°nimo del primero que ¬ędescargar su conciencia¬Ľ.

El Tribunal de Las Palmas empezó por buscar en sus registros alguna nota sobre el denunciado, gestión que resultó negativa.

Poco despu√©s, el 9 de julio, el Dr. S√°inz dio su veredicto como fiscal: hizo referencia a la prohibici√≥n de Clemente XII, opin√≥ que no hab√≠a √°nimo de calumniar en las palabras de Jorge Rodr√≠guez, destac√≥ la importancia de proceder tambi√©n contra el mas√≥n Morales de Cura√ßao y sintetiz√≥ las caracter√≠sticas √©ticas de la secta, seg√ļn las declaraciones. Por consiguiente, el d√≠a 18, se mand√≥ sacar ¬ęinstrucci√≥n¬Ľ del expediente y devolverlo al comisario de Icod para que ampliara algunos datos. Asimismo, se decidi√≥ escribir a los comisarios de La Orotava y de Santa Cruz para que obtuvieran m√°s informaci√≥n sobre las ¬ęcitas¬Ľ que se deduc√≠an del memorial de Delgado C√°ceres. El comisario de La Orotava, Llarena, fue el primero en cumplir el encargo, diciendo que en las frases de L√≥pez, pronunciadas en el convite de la casa del comerciante Francisco Sarmiento, ¬ęs√≥lo hubo… broma y pasatiempo¬Ľ, sin que ninguno de los asistentes ¬ęnotase en don Antonio L√≥pez de Padr√≥n la m√°s leve descompostura, ni que juzgasen abrazase √©ste la secta de los francmasones, ni defendiese ser buena¬Ľ.

Los interrogatorios a los testigos se hab√≠an iniciado el 6 de agosto. Francisco Sarmiento no pudo ser entrevistado pues se encontraba, a la saz√≥n, en la Corte. Pero s√≠ lo fue el beneficiado de la parroquia del Puerto, don Jos√© D√°vila, que nada dijo en contra de Padr√≥n, y el franciscano Fray Domingo Brito, que hab√≠a asistido, con el anterior, al fest√≠n del lusitano, en 1791, y hab√≠a observado ‚Äď al igual que D√°vila ‚Äď que el sospechoso se hab√≠a conducido con buen sentido y narrado su encuentro con el mas√≥n en tono jocoso, bromeando con los otros invitados.

El d√≠a 9 le fue tomada tambi√©n la declaraci√≥n a don Felipe Machado Varc√°rcel y Lugo, alguacil mayor del Santo Oficio y regidor de Tenerife, vecino de la Villa y de 55 a√Īos. Este afirm√≥, principalmente, lo mismo que los anteriores, indicando que L√≥pez trabajaba como capit√°n de un buque de Sarmiento, viajando ¬ęa la Am√©rica espa√Īola e inglesa¬Ľ. Por √ļltimo, dos d√≠as despu√©s, fueron entrevistados los irlandeses Guillermo Mahony, comerciante de 60 a√Īos, y Guillermo McDaniel, de 31, ambos residentes en el Puerto. De sus testimonios s√≥lo merece ser destacada la aseveraci√≥n del segundo en el sentido de que Sarmiento trat√≥ de cambiar de tema, ¬ęcomo rehusando que en su casa se hablase de ello¬Ľ.

Transcurridos cinco a√Īos sin que, al parecer, se volviera sobre este asunto, a finales de 1797 el comisario de Icod hizo comparecer a Francisco D√≠az Pantale√≥n y Aguiar y a Nicol√°s Delgado y Le√≥n, quienes se ratificaron nuevamente en sus declaraciones, si bien el primero no recordaba la conversaci√≥n con el denunciado. Tendr√≠an que pasar otros tres a√Īos para que Delgado C√°ceres tornara a ocuparse del problema. As√≠, el 20 de enero de 1800, interrog√≥ a Agust√≠n Jorge Rodr√≠guez, que mantuvo esencialmente sus palabras. Inmediatamente despu√©s abandon√≥ de nuevo sus obligaciones, por ello el Tribunal le remiti√≥ una misiva recordatoria el 5 de junio de 1801, a la que contest√≥ el comisario que L√≥pez de Padr√≥n se hab√≠a embarcado para Am√©rica desde 1793 y que no hab√≠a concluido las declaraciones a causa de las ausencias de varios testigos y de su poca salud.

En 1803 se disculp√≥ una vez m√°s con Las Palmas. En septiembre de este a√Īo tom√≥ la ratificaci√≥n a don Jos√© M¬™ B√©thencourt y, al mes siguiente, a Jos√© Antonio Delgado Le√≥n. Sin embargo, en 1804 tampoco termin√≥ su cometido. Siguiendo su pauta de los √ļltimos a√Īos, el 16 y el 20 de octubre obtuvo la renovaci√≥n de las declaraciones de Antonio Hern√°ndez Bermejo y de Agust√≠n Gonz√°lez Y√°√Īez y Sopranis. En vista de su inusitada lentitud, el Tribunal grancanario le conmin√≥ ‚Äďel 18 de septiembre de 1805‚Äď a que evacuara su trabajo sin poner impedimentos.

Por lo tanto, el 5 de febrero de 1806, hizo comparecer a un anciano llamado Antonio Hernández que le habló de Francisco Morales, el masón de Curaçao natural de Santa Cruz de Tenerife y, el día 9, remitió, al fin, las diligencias a Gran Canaria, explicando que no se habían repetido las declaraciones del resto de los testigos porque habían fallecido.

Pero los representantes del Santo Oficio en Santa Cruz tampoco fueron diligentes a la hora de cumplir con su responsabilidad en este caso. En junio de 1801, el Tribunal tuvo que recordarle al comisario santacrucero el encargo que le había hecho en 1792. En 1802 se le ordenó a dicho comisario, José del Campo, que evacuara el interrogatorio a Francisco Sarmiento pero contestó que no podía hacerlo porque el comerciante vivía en La Laguna. El 3 de junio de 1803, se comisionó a tal efecto al responsable inquisitorial de la Ciudad de los Adelantados, don Domingo de Herrera-Leyva, al cual tampoco le fue posible hacerlo porque Sarmiento había marchado a Madrid.

Ante esta situaci√≥n, el Tribunal isle√Īo opt√≥ por dirigirse al inquisidor de Corte, en julio de 1803, para pedir que el portugu√©s fuera entrevistado. En un primer momento las gestiones resultaron infructuosas, hasta que, el 30 de agosto de 1804, pudo ser interrogado. El rico comerciante afirm√≥ no recordar la an√©cdota ocurrida en el convite celebrado en su morada del Puerto de la Cruz, a finales de 1791; aseveraci√≥n que fue acogida con respeto por los inquisidores de la capital del reino, puesto que don Francisco Sarmiento les pareci√≥ ¬ęsujeto de m√©rito y religioso¬Ľ.

Reunidas, finalmente, las deposiciones de los testigos, el 9 de abril de 1806 se le pidieron al comisario Delgado informes sobre L√≥pez de Padr√≥n. Sabemos por √©stos que el denunciado hab√≠a vivido en Tenerife protegido por una t√≠a, pues hab√≠a regresado de Cuba sin caudales. Aqu√≠ hab√≠a aprendido el oficio de agrimensor y luego hizo estudios de aritm√©tica hasta dedicarse al pilotaje de buques en el Puerto de La Orotava, actividad en la que adquiri√≥ fama y medios que le permitieron relacionarse con la ¬ęsociedad distinguida¬Ľ. Era dado a entretener a sus amigos con relatos de sus viajes y ten√≠a cierta fama de charlat√°n. Tuvo problemas con las justicias hasta que por ¬ędeslices de lengua¬Ľ que perjudicaban a ¬ępersonas de honor¬Ľ, con alguna de las cuales parece que hab√≠a contra√≠do cierta ¬ęcorrespondencia il√≠cita¬Ľ, fue hecho preso y devuelto a La Habana ¬ęa vivir con su mujer¬Ľ en 1793. Desde la capital de Cuba L√≥pez de Padr√≥n hab√≠a navegado a diferentes partes, incluso a la Pen√≠nsula. En 1806 se hab√≠a dicho que hab√≠a muerto y que sus bienes los disfrutaba una ni√Īa recogida por las monjas Catalinas de La Laguna.

En vista de estos datos, el 22 de noviembre, se escribi√≥ al comisario de La Laguna Fray Antonio Verde B√©thencourt, que averigu√≥ que, en efecto, lo de la ni√Īa era cierto y que las √ļltimas noticias de L√≥pez se sab√≠an por una carta que, hacia 1800, hab√≠a escrito desde Bilbao.

El 1 de diciembre de 1806 se reuni√≥ la junta de calificadores del Santo Oficio, presidida por el inquisidor Jos√© Francisco Borbujo Rivas e integrada, adem√°s, por los doctores don Antonio Mar√≠a de Lugo y don Esteban Fern√°ndez, quienes, despu√©s de dividir lo m√°s destacado de las declaraciones en siete cap√≠tulos, concluyeron que en el sujeto hab√≠a un ¬ęerror de hecho¬Ľ por suponer que los francmasones eran personas esencialmente caritativas y fraternales, partiendo en consecuencia de una premisa falsa a la hora de emitir sus opiniones sobre la secta. Por otro lado, L√≥pez de Padr√≥n no hab√≠a demostrado sentimientos contrarios a la fe, especialmente atendiendo a la chanza de que usaba … en dichas conversaciones, y a referirse en todo a lo que le hab√≠an dicho y o√≠do a los que √©l ten√≠a por francmasones; por cuya circunstancia y por haber expresado el sentido en que tomaba la voz de francmas√≥n, no le juzgan haber escandalizado gravemente a los concurrentes, y sus sentimientos los acredita con el cap√≠tulo de su espont√°nea.

De esta forma termin√≥ el √ļltimo proceso inquisitorial antimas√≥nico del setecientos, que, como el anterior, ratifica la tesis de la escasa importancia ‚Äď por no decir nula ‚Äď de la masoner√≠a en Canarias, y en Espa√Īa, durante el siglo XVIII ‚ÄĚ. (2)

En este proceso, a nuestro juicio, quedaron algunos cabos sueltos y creemos que el principal fue el que se deduce de la declaraci√≥n del fraile franciscano don Domingo Brito; seg√ļn este fraile, el lugar del encuentro entre L√≥pez y el francmas√≥n hab√≠a sido la de ¬ęFilidelfia¬Ľ, y el citado miembro de la Orden del Gran Arquitecto era, precisamente, un religioso franciscano‚ÄĚ.

NOTAS:
(1) Artículo de don David Lorenzo publicado en la Revista de Binter
(2) El inquisidor fiscal contra el piloto don Antonio L√≥pez de Padr√≥n, icodense, por sospechoso de masonismo de la Parte I: LOS ORIGENES DE LA FRANCMASONERIA EN CANARIAS ‚Äď LIBRO: HISTORIA DE LA FRANCMASONERIA EN CANARIAS.- Autor: don Manuel de Paz S√°nchez

FUENTES BIBLIOGRAFICAS Y DOCUMENTALES:
– Cap√≠tulo II.2 : El inquisidor fiscal contra el piloto don Antonio L√≥pez de Padr√≥n, icodense, por sospechoso de masonismo de la Parte I: LOS ORIGENES DE LA FRANCMASONERIA EN CANARIAS ‚Äď LIBRO: HISTORIA DE LA FRANCMASONERIA EN CANARIAS.- Autor: don Manuel de Paz S√°nchez
РArtículo de don David Lorenzo publicado en la Revista de Binter .
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